Víctor Ros: merece la pena, aunque…

Fuente: RTVE

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Víctor, un ladronzuelo adolescente en el Madrid de 1882, cae en una “trampa” de la policía antes de un robo y es detenido. Sin embargo, don Armando, miembro destacado y respetable de la policía, ve en el chico posibilidades y decide ayudarle a salir de esa espiral de delincuencia en la que se ha metido, así que le paga los estudios que le permiten convertirse, años después, en inspector de la nueva Brigada Metropolitana creada en Madrid. Estamos ya en 1895 y Víctor Ros ha regresado a la capital, después de un tiempo infiltrado en Asturias, resolviendo un caso que le ha dado un cierto prestigio en la policía y aunque sus métodos, más modernos, chocan con la tradicional forma de actuar de una policía española todavía muy “militarizada”, pronto empieza a ganarse el respeto de sus compañeros resolviendo casos muy peculiares.

Víctor Ros es una mini-serie (ya podemos considerarla así, pues se sabe que no renueva por una segunda temporada) de 6 capítulos, basada en las novelas de Jerónimo Tristante. Creada por Javier Olivares, ahora tan en boga con El Ministerio del Tiempo, esta cuidada producción ha contado con la dirección de Carlos Navarro, Gracia Querejeta o Jorge Sánchez-Cabezudo (dos capítulos cada uno) y con un reparto que mezcla a jóvenes actores, como Carles Francino, y presencias ocasionales que han aportado la veteranía, como las de Tito Valverde o Helio Pedregal. También hay que destacar en ella una buena ambientación (vestuario, caracteres de los personajes, comportamientos, situación social, en general), con un uso algo polémico de los efectos digitales ya que, la mayoría de las veces, se notaban muchísimo y aunque yo, por ejemplo, intentaba ser tolerante en este aspecto, me terminaron casando esos fondos que la mayoría de las veces no iban al mismo tiempo que las imágenes de primer plano, o los planos intercalados del Madrid de la época.

He de reconocer que los primeros capítulos de Víctor Ros me gustaron bastante pero, al final, me ha costado un poco terminar de verla al completo (la he seguido por la opción de TVE a la carta, aunque deja bastante que desear la calidad de la imagen y el sonido). Como lectora primero de los libros de Jerónimo Tristante, la verdad es que la serie me ha gustado cuando se parecía más a los libros y me ha atraído menos en los momentos en los que se “distancia” de ellos. Y hay que decir que no soy yo, precisamente, de las mayores defensoras de este autor, cuyos argumentos sí me resultan interesantes y entretenidos, aunque luego no me guste mucho su manera de desarrollarlos. Sin embargo, hay algo que él supo resolver bien y pronto en las novelas, pero que a mí me ha lastrado esta serie, que es la tensión sexual no resuelta entre Víctor Ros y las dos mujeres, Clara, la señorita y Lola, la prostituta. Tal vez el gran problema ha sido la elección de Esmeralda Moya para el papel de Clara: físicamente, esta actriz es guapísima y da una imagen diferente; ahora bien, como actriz (por lo menos en Víctor Ros) parece que lo único que sabe hacer es mohínes, no tiene demasiada naturalidad en la manera de hablar.

En resumidas cuentas, hay que decir que Víctor Ros, merece la pena, aunque también parezca en cierta forma una oportunidad perdida. Con una buena factura técnica, creo que le perjudica el uso de efectos digitales. Tampoco logra ser “redonda” en su reparto: a Carles Francino se le agradecen las ganas y esa especie de complicidad con Tomás del Estal, su sargento Blázquez, compañero también en la serie Bandolera (2011); sin embargo, poco más, con personajes femeninos y secundarios muy limitados (excepto Tito Valverde, grandioso y poco aprovechado) e insufribles niños, para variar en una ficción española. Pese a todo, se notan las ganas de hacer algo diferente y eso ya vale mucho, más para alguien como yo que no es especialmente seguidora de las series españolas. Por cierto, que también ha sido muy buena idea el programa que iba después de cada emisión, La España de Víctor Ros, en la que se hablaba de algunos de los temas que componían el argumento del correspondiente capítulo.

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