The last ship: Eric Dane será nuestra salvación

Fuente: TNT

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El Nathan James es un navío de guerra en misión en el Círculo Polar, probando armas, según creen ellos, aunque realmente están allí para que dos científicos a bordo puedan investigar el origen de una epidemia que está diezmando a la población mundial. Debido a un obligado silencio en las comunicaciones, la tripulación ni siquiera sabe que casi la mitad de la población mundial ha muerto debido a esta enfermedad, familiares incluidos, pero cuando son atacados por helicópteros rusos descubren todo lo que está pasando: y es que ellos se van a convertir en la gran esperanza para encontrar una vacuna a esta pandemia. Por ello, deben proteger a la científica Rachel Scott, responsable de los experimentos, principalmente de los deseos rusos de hacerse con sus investigaciones y además deben conseguir todo lo necesario para probar las posibles vacunas y llegar sanos y salvos a casa.

Si hay algo que me gusta en este mundo “seriefilo” es pillar una serie por su primera temporada. Y encima si sale en ella Eric Dane, el atractivísimo Dr. Sloan de Anatomía de Grey, pues no hay más que hablar. De verdad que quería hablar bien de The last ship porque llevo una racha tremenda en el tema de las series: no me gusta casi nada y lo que sí me gusta se queda en una temporada (Forever), pero parece que esta vez no va a poder ser tampoco.

Vamos a contar primero algo bueno, que también lo tiene: en aspectos de producción, la serie es una pasada porque está muy bien hecha y se nota que hay recursos. No podemos obviar que en The last ship hay nombres con su cierto prestigio en el cine y la televisión, como uno de sus productores, Michael Bay (Transformers, La Roca, Armageddon, etc.) y otros más con mucha experiencia en series de éxito, como Hank Steimberg (Sin rastro), Steven Kane (The closer) o Jack Bender (Perdidos). Me encanta también que haya un pastor alemán en su reparto porque además es una monada de perro, aunque sale demasiado poco para mi gusto. Bueno, pues ya hemos terminado con las cosas que merecen la pena, así que vamos con todo aquello que hace que no vaya a pasar de los diez capítulos de su primera temporada.

En primer lugar, me parece una serie llena de tópicos y clichés que terminan cansando demasiado, empezando por todo lo relativo a la grandeza del cuerpo de marines de los Estados Unidos, el único que parece incorrupto en nuestro mundo y capaz de salvar a la Humanidad de cualquier problema, aunque este sea una minucia como su posible extinción. Es que al final termina siendo risible ver a este puñado (más bien, puñadito, que entre que no son tantos y alguno que otro que va cayendo…) de hombres luchar contra todo un barco ruso, terroristas de Al-Quaeda o un campamento de hispanos malísimos armados hasta los dientes. Pero lo malo es que ellos se lo toman muy en serio y la gracia es que siempre salen victoriosos, por muy tremenda que parezca la situación. Aún así, todavía tienen tiempo para amoríos y para tensiones sexuales no resueltas que convierten a la serie en lo mismo de siempre: al principio parece que van a ir por un camino diferente y, la verdad, es que se agradecía bastante la posibilidad de no distraer argumentos con enamoramientos pesadísimos, pero no, no esperéis nada nuevo en ese sentido. Y por último, para no alargarme demasiado y terminar un poco con el lado más frívolo en The last ship: ¿qué pasa con sus protagonistas, Eric Dane y Adam Baldwin? El primero está siempre rojo como un tomate, mal caracterizado, como si quisiera representar más edad de la que tiene; Baldwin, que tiene una presencia física imponente, sin embargo lo pierde todo cuando se da la vuelta, con una pérdida de pelo preocupante en la zona de la coronilla (con todos mis respetos para quiénes tienen este problema, pero en el caso de un actor, que vive bastante de su físico, debería buscar algún tipo de solución). Luego está Rhona Mitra, muy maja ella (salía con su perrito en el programa de César Millán) pero, ¿todos sus recursos como actriz se basan en poner “morritos”?

En fin, que yo ya he decidido que he tenido bastante con una temporada. Y es que para mí, The last ship termina resultándome más que nada una campaña para el alistamiento en los marines, aunque a disposición de todo el mundo, en lugar de emitirla en institutos de Estados Unidos. Aún así, no dejéis de intentarlo, que nunca se sabe: normalmente, después de un par de capítulos os vais a dar cuenta de si os gusta o no.

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