El Ministerio del Tiempo: #TVErenuevaMDT

Fuente: RTVE

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Julián es un enfermero del SAMUR en el año 2015 que no encuentra sentido a la vida después de haber perdido a su mujer en un accidente de tráfico. Amelia es una joven pionera, universitaria en la Barcelona de 1880, que no puede desarrollar todo su potencial. Alonso es un tercio español que en el siglo XVI es condenado a morir por no obedecer órdenes de un superior. Así que los tres van a ser reclutados por el Ministerio del Tiempo, una institución secreta que se encarga de mantener la historia tal y como sucedió, de manera que ninguna perturbación pueda causar un cambio en ella. Y para esto cuentan con una serie de puertas que les llevan a diferentes épocas históricas, de manera que cualquier problema que se presente pueda ser solucionado por los “funcionarios” del Ministerio en su propio contexto.

No tenía pensamiento de escribir todavía sobre El Ministerio del Tiempo, la serie que ha provocado una especie de fenómeno fan en las redes, pero es que tengo que reconocer que cada vez me gusta más y que estoy en ese camino de convertirme en una ministérica, aunque vaya con el nombrecito que se les ha ocurrido. Total, que me adelanto en mis planes después de disfrutar muchísimo con el tercer episodio de la serie, en el que nuestros protagonistas tienen que pasar al año 1940 para evitar que una de las puertas del tiempo, desconocida para el Ministerio, pase a poder de los nazis y que España pueda participar en la 2ª Guerra Mundial en el bando alemán. Porque he de reconocer que este capítulo me ha recuperado totalmente para este serie, después de un segundo capítulo que me había dejado un poco dubitativa: pero es que el problema estaba en un muy buen episodio piloto, divertido, dinámico y, ante todo, sorprendente.

Pues sí, me gusta bastante El Ministerio del Tiempo. Creo que es una serie diferente, que no se conforma con pasar simplemente de cualquier manera por las pantallas televisivas, sino que busca calidad, dar a conocer historias diferentes, pero siempre haciéndonos pasar un buen rato. Así, la calidad se nota en una factura impecable, con un buen uso de vestuario, ambientación y de las llamadas “pantallas verdes”, para los efectos especiales, casi imperceptible. Se nota también en que todos o, casi todos, sus intérpretes están bastante bien en sus respectivos papeles, aunque aquí tengo que reconocer que yo soy muy de Jaime Blanch.

Está claro que con el tema del argumento han intentado hacer algo novedoso: no es que los hermanos Olivares hayan inventado los viajes en el tiempo en una serie de televisión, pero por lo menos han buscado historias que no son las más tradicionales, como puede ser la de la presencia nazi en España o las aventuras y desventuras de Lope de Vega, figura fundamental en nuestro Siglo de Oro, pero tal vez menos conocido que otros posibles candidatos, como Cervantes o Góngora. Y es que otra cosa que hay que apuntar en el haber de El Ministerio del Tiempo es la recuperación de personajes históricos, como el mencionado autor, Velázquez, el Marqués de la Ensenada o Ambrosio Spínola (qué gracia me hizo lo de su contestador automático…)

Porque además, otro de los aspectos que busca esta serie es que nos lo pasemos bien con ella. El primer capítulo ya nos enganchaba con chistes y referencias provocadas por el encuentro entre personas de distintas épocas históricas y los dos siguientes han mantenido bastante bien el nivel, con un Rodolfo Sancho que me está sorprendiendo gratamente con su capacidad para la comedia (muy comentado su cambio de nombre en la posada, en el primer capítulo, pero genial también al “cazar” a un nazi al que no le hacían falta subtítulos…)

En definitiva y por no extenderme demasiado, me gusta El Ministerio del Tiempo y me uno a la petición del hastag que acompaña mi título por una segunda temporada. Tal vez no sea una serie de éxito, pero me parece una serie necesaria y más para una televisión pública. Más aún, cuando creo que el principal problema ha estado, precisamente, en lo mal que la ha programado TVE: en primer lugar, demorando su emisión y enfrentándola a una propuesta exitosa también de calidad como Bajo sospecha; después, cambiándola de día, dando a entender que no confiaban demasiado en ella, y experimentado con ella el tema del nuevo prime time, con más de un cambio de horario o resúmenes innecesarios. Y que conste que soy la primera partidaria del inicio de esta franja horaria a las 22 horas: aunque ahora estoy en paro, me niego a quedarme hasta las doce y pico viendo series o programas.

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