Broadchurch: ¿da para más?

Fuente: BBC América

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Danny Latimer, un niño de 11 años, hijo de una familia muy querida de Broadchurch, un tranquilo pueblo costero británico en el que todo el mundo se conoce, aparece asesinado en la playa. La policía decide asignar la investigación del caso a Alec Hardy, un inspector que viene de fuera, en lugar de a Ellie Miller, que además de ser vecina del pueblo es la madre de Tom, el mejor amigo de Danny. A Hardy no parece causarle ningún problema la animadversión de la gente a la que ha de investigar o que resulte antipático a todo el mundo, incluida la inspectora Miller, su nueva compañera. Su única obsesión parece ser resolver el asesinato, entre otros motivos para expiar su último caso, el asesinato de una niña que quedó sin resolver y que provocó graves problemas en su vida familiar y en la laboral.

La primera temporada de Broadchurch llegó con fuerza a la televisión británica, con un triunfo en los BAFTA 2014 (mejor serie dramática, mejor actriz principal -Olivia Colman, luego nominada también en los Emmy- y mejor actor secundario) que no se puede discutir: bien hecha, hermosos paisajes, buenas interpretaciones y una historia que te atrapa desde el primer momento. Pero no se trata de mostrar tan solo una trama policíaca, sino que además nos acerca a otros temas siempre en boga, como puede ser el amarillismo de determinado tipo de prensa cuando se producen situaciones tan tremendas como la muerte de un niño. La verdad es que resulta demoledora la actitud de los periodistas (los de fuera pero también, lo que resulta peor, los del propio pueblo, amigos de toda la vida de gente a la que luego ponen en la picota, sin el más mínimo pudor).

Después de su “errática” emisión hace ya meses en Antena 3, ¿a qué viene hablar ahora de Broadchurch? Pues porque escribiendo recientemente sobre Bajo sospecha, me dio la sensación de que ambas series comparten algunos aspectos comunes: en primer lugar, parten de una premisa argumental que, en principio, no parece demasiado agradable para los espectadores, como es el que un niño o una niña sufran la violencia de su entorno. También están los caracteres opuestos y el “mal rollo” que parece haber entre la pareja de policías que se encargan de los casos, con trazos de pasado complicado, aunque esto puede ser también aplicable a miles de series de todo el mundo. Pero lo cierto es que lo que a mí me resulta más común en ambas series es que no me apetecería ver más de una temporada, por muy buenas que sean: con Broadchurch me he lucido en la predicción, no en vano hace poco se ha confirmado que va a haber ya una tercera temporada, mientras que Bajo sospecha parece estar a la espera de una renovación.

No es ningún spoiler decir que una vez que la investigación llevó a la detención de la persona que asesinó a Danny Latimer, ¿tiene interés entonces el juicio o lo que pase después? Para mí, no y, por ese motivo, no creo que vea más que la primera temporada, como tampoco me apetece nada ver Gracepoint, su inútil remake estadounidense (con el mismo protagonista, incluso), cancelado ya. Con Bajo sospecha, ahora mismo, es difícil saber qué va a pasar y seguro que también va a depender muchísimo de cómo termine de responder la audiencia en sus capítulos finales: si mantiene esas cifras cercanas a los 4 millones, seguro que hay más temporadas. Ahora bien ¿y lo bonito que sería dejar un buen recuerdo en los telespectadores, terminando una serie con éxito?

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