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19
oct 13

Lo mejor de la semana

Nada hace presagiar mejor una gran catástrofe que la visión de la apacible vida en comunidad. The Walking Dead se ha encargado de presentarnos la cotidianiedad tras el gobernador, la vuelta a una cierta normalidad, aquella que debe convivir con muertos vivientes que intentan continuamente superar las barreras que les separan de los vivos, refugiados en una cárcel, y aquella que permite pensar en algo más que sobrevivir. La cuarta temporada de The Walking Dead comienza de la mejor manera posible: esto que ves pronto cambiará. El último minuto de su primer capítulo nos abre una nueva idea, una nueva ventana por la que mirar, un nuevo reto que vencer, un miedo que superar y por ello, ha sido lo mejor de la semana.

 

The Walking Dead

 

No ha sido lo único relevante y me gustaría destacar el cambio que ha experimentado una serie que empezó siendo algo decepcionante y que se ha ido superando poco a poco. Hostages comenzaba con grandes alicientes: el personaje protagonista de la doctora Ellen Sanders  (Toni Colette) o el de un personaje algo sorprendente sobre todo por enturbiar continuamente la trama Duncan Carlisle (Dylan McDermott) y esto sólo por nombrar algunos de sus interpretes porque tiene un reparto muy interesante. Una historia interesante pero un comienzo muy flojo que se ha reflejado en las audiencias. Si al principio vi a una Colette sobreactuada y una historia algo inverosímil el tiempo ha ido arreglando poco a poco determinados errores y consiguiendo que me enganche muy poco a poco a la trama. Puede que tenga los días contados o la temporada contada pero la desarrollada merece unas líneas.

 

Lo mismo ocurre aunque algo más lejos con Betrayal. En ocasiones me pregunto si ha sido algo meditado o casual confundir de esta manera al espectador. Cualquiera que viera su primer capítulo pensaría que se trataba de un drama romántico puro y duro para, acto seguido y tras visionar su segunda entrega pensar que se trata de un drama más policial o judicial que de otro tipo. ¿Donde se situará y será éste un método nuevo para captar una amplia franja de espectadores (gustos)?

 

Homeland nos ha mostrado a Brody por primera vez en esta temporada y lo hace de la forma más dura que podía: devolviéndole a un encierro del que ya fue víctima. El paralelismo poético que experimentan ambos protagonistas encerrados en habitaciones de las que no pueden salir de una manera absolutamente injusta hace que otra vez me impresione la capacidad de esta serie para proporcionar tantas preguntas sin respuesta.

 

La bomba a punto de estallar en la que se ha convertido The Good Wife me llega a provocar un nerviosismo no habitual en esta serie. Sin perder las formas a las que nos tiene acostumbrados, se han abierto tantos frentes alrededor de Alicia que, si fuera ella, tendría en estos momentos un dolor de cabeza monumental. A los asuntos familiares se une el espectacular giro de acontecimientos que se desarrolla en el bufete y justo en el epicentro, sin saberlo el resto y sin quererlo, se encuentra ella.

 

Podría añadir como siempre las series que no me decepcionan como son Grey’s Anatomy (hasta que se vaya Cristina, después ya veremos), Scandal o Revenge pero la vuelta de una de las series más esperada tenía que ocupar por méritos propios el lugar de lo mejor de la semana.

 

The Walking Dead ha vuelto con una tranquilidad aparente. Esto no ha dejado de ser una estrategia para presentar una vida apacible en la cárcel en la que la comunidad se reparte las tareas más comunes: el huerto, preparar la comida, buscar provisiones, atravesar con un palo la cabeza de los caminantes de la valla exterior… lo habitual.

 

Pero en el fondo laten varios frentes que permanecen semiescondidos y que esperan el momento apropiado para surgircomo es el caso de Michonne que lejos de haber olvidado al gobernador sólo tiene en mente encontrarlo. Las charlas filosóficas o encuentros con gran contenido espiritual siguen presentes en una serie que parece necesitar continuamente demostrar al espectador que las personas cambian, como se desarrolla ese cambio y sobre todo los métodos que utilizan para justificarlo.

 

Asistimos por tanto a un estado de semialerta en la cárcel en el que cada uno sabe lo que tiene que hacer, en el que aún continúan los encuentros con los caminantes y en el que, pese a la aparente tranquilidad, la mayoría no ha perdido ni un ápice del permanente sentimiento de alerta.

Esperábamos a sus personajes, esperábamos su ambiente, no tanto sus escenas diván-psiquiatra y algo sus momentos de lucha contra caminantes inesperados que aparecen del techo en grandes supermercados.

 

De lo que no podíamos intuir nada es de un nuevo giro, un nuevo fenómeno que aparece en la historia y es la enfermedad: lo que ha hecho que el cerdo y uno de los jóvenes de la cárcel caigan enfermos y mueran. Esa última visión es la que nos abre una nueva puerta y un nuevo mundo por explorar. Muchos hemos echado de menos las investigaciones de Milton y la aparición de alguien que realmente se pregunte algo, que vaya más allá del simple hecho de sobrevivir a los caminantes. Si este es un comienzo, bienvenido sea. Por su vuelta con lo de siempre y más, con la un sentido continuista pero añadiendo las dosis exactas de novedad, The Walking Dead ha sido lo mejor de la semana.

 

 

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